Kiko Evia, alias Gitano de Palo, nunca ha escondido sus filias y sus pasiones: el oro y la plata, lo árabe y lo romano, vírgenes y cristos, rosarios y custodias, el corpus y el camino. La procesión, amigos, va por dentro. En sus canciones encontrarás jaleo y bulla, sí, pero también risa y llanto. Lo suyo es una corona, pero de espinas. Agitada por la fuerza de los tambores, el soniquete de las panderetas, el aire de los abanicos. Y también el neón, claro, ese que brilla en la pista de baile. Conectando el bullicio del Sónar con el alma de un tablao. A fin de cuentas, todo es culpa del ritmo y el compás, ¿no?






